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Sevillanas

España

1992

Dirección: Carlos Saura

Guión: Carlos Saura

Producción: Juan Lebrón

Fotografía: José Luis Alcaine

Dirección musical: Manolo Sanlúcar

Coreografía: Matilde Coral

Montaje: Pablo G. del Amo

Sevillanas surgió en una época de gran actividad y prestigio para Saura. En 1990 su película Ay, Carmela (1990) obtiene un gran éxito de público y hasta 13 Goyas de la Academia del Cine Español. En 1990 rueda un spot para la marca de refrescos Orangina, y en 1992 acepta el encargo del COI para dirigir Marathon (1992), la película oficial de los Juegos Olímpicos de Barcelona. A petición del productor Juan Lebrón Sánchez, y con la ayuda de Manolo Sanlúcar y su hermano Isidro Muñoz, Saura se embarca en esta película, que se pensó para ser exhibida en el Cine Expo durante la Exposición Universal de Sevilla, la cual tuvo lugar entre abril y octubre de 1992. La representación de la música y el baile icónicos de Sevilla se basó en sus experiencias previas con Emiliano Piedra y Antonio Gades, y contó con varias primeras espadas de la música andaluza, tanto del cante, del toque o del baile.

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La película se abre con el plano de un panel en el que se dibujan las sombras de un olivar y una masa anónima de personas que pasean y conversan. A medida que el plano retrocede, el escenario deja ver una larga mesa rodeada de sillas rústicas. Grupos de todas las edades van entrando en escena, vestidos con los trajes típicos de faralaes. El ambiente podría ser cotidiano de no ser por el entorno vaciado en que la acción transcurre. El primer plano de un almirez de bronce utilizado como instrumento de percusión introduce la primera actuación a cargo del trío Las Corraleras de Lebrija, acompañadas de un grupo de ancianas y ancianos que interpretan, con voz, percusión y danzas rudimentarios, dos canciones de temática campestre, picaresca y cotidiana. Lebrija es una localidad cercana a Sevilla con una fuerte tradición de cantes folclóricos, considerados antecedentes de las sevillanas modernas. Las Corraleras de Lebrija alcanzaron cierta notoriedad en 2004 gracias a su disco Queremos ser chicas Almodóvar , donde se incluía el tema de “rap cañí” Semos chicas Almodóvar.

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Las Sevillanas boleras constituyen la variante académica del género. Combinan los pasos populares con otros más estilizados, interpretados además con palillos. De manera consecuente, el número se ambienta en una sala de ensayos y se detiene con minuciosidad en la preparación del cuerpo de baile. La filmación de la danza propiamente dicha incide en la ceremoniosidad y estricta disciplina de los movimientos entre parejas de bailarinas creando planos de rigurosa simetría montados con agudo sentido rítmico.

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Las Sevillanas clásicas tienen lugar en un espacio limitado por paneles semioscuros, donde Manuel Pareja Obregón, cantaor y compositor de larga trayectoria, interpreta al piano una serie de temas de su cosecha. Lo acompañan en el baile Matilde Coral, una de las grandes bailaoras y coreógrafas andaluzas –se encarga además de los números de danza grupal de la película–, su marido Rafael ‘El Negro’ y Rocío, la hija de ambos. El número, favorecido por la iluminación suave y las conversaciones entre los artistas, transmite una atmósfera relajada e íntima, lo que a su vez parece aludir a la idea de transmisión familiar y herencia generacional de la música popular.

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Sevillanas flamencas propone un diálogo entre la estilización del baile de Merche Esmeralda y el toque de Manolo Sanlúcar con la base más sencilla y espontánea de la sevillana. Asistimos, antes de la vigorosa performance , a la preparación de la bailaora y de los músicos, que parecen comportarse como si se encontrasen en un ensayo corriente.La utilización de espejos que multiplican la imagen del grupo de guitarristas y de Esmeralda –cuyo vestido rojo azabache contrasta con la blancura del escenario– subrayan el aire de barroquismo formal de la secuencia

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¿A quién se le ocurrió por primera vez utilizar los temas bíblicos para ilustrar las sevillanas de Alosno, un pueblo de Huelva? No lo sé, pero sí que Paco Toronjo canta de una manera que emociona. ¿Es flamenco? ¿Cante grande o cante chico? ¡Y qué más da! Paco Toronjo canta con el alma unas sevillanas irrepetibles, únicas, que no deben perderse: "Absalón presumía de sus cabellos"- empieza una de las letras. Fue en el estudio de grabación de Sevilla cuando le conocí. Había costado mucho trabajo localizarlo y más que se comprometiera a venir. Lo vi en el umbral de la puerta. Llevaba un vaso de whisky en la mano. Alguien le dijo quién era yo. Me miró a los ojos, yo no sé el tiempo. Muy serio, con voz profunda, me ofreció su mano y me dijo: "¡Aquí, un amigo!".

CARLOS SAURA

Las Sevillanas bíblicas están muy ligadas al cantaor que aquí las interpreta, Paco Toronjo. Oriundo de Alosno (Huelva), localidad con una fuerte tradición de sevillanas populares, Toronjo dio a conocer en los años cincuenta esta variante que se caracteriza principalmente por narrar en sus letras hechos del Antiguo Testamento con intención moralizante. La escogida para la ocasión alude a Betsabé, Judith, Dalila y Absalón. Toronjo canta acompañado de un guitarrista y diez bailarinas vestidas con sobrio atuendo flamenco, distribuidas en cinco parejas que ejecutan unas sevillanas de aire casi ritual. La planificación separa al cuerpo de baile de los músicos, de manera que cante, toque y danza nunca compartan encuadre. 

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Sevillanas rocieras escenifica una actuación del grupo Los Romeros de la Puebla, quinteto oriundo de Puebla del Río (Sevilla) y una de las formaciones más longevas dedicadas a la sevillana –su primer disco es de 1968–, en especial su variante rociera. Las sevillanas rocieras tienen su origen en la peregrinación anual por las fiestas de la Virgen del Rocío en Almonte (Huelva), evento muy popular en Andalucía. La secuencia recrea la romería rociera, con un grupo de baile heterogéneo que danza, con jolgorio y abundantes exclamaciones, al son de los temas interpretados por Los Romeros –dos están compuestos por su fundador, José Manuel Moya, y otro, el famoso “Rociero hasta que muera”, firmado por Francisco Coria y Juan Díaz–. La semioscuridad del escenario, en el que los paneles iluminados con tonos rojizos y negros se pueblan de siluetas danzarinas, podría aludir a un ambiente nocturno al aire libre.

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De nuevo asistimos a unas Sevillanas rocieras , pero aquí la total protagonista es Lola Flores, vestida con la tradicional indumentaria de faralaes. Su número, acompañado por las sonoridades de pitos y percusión –lo que remite a los estratos más arcaicos de la cultura andaluza–, se escenifica con total austeridad: La Faraona se sitúa frente a un panel luminoso, cuya luz blanquecina contrasta con su vestido oscuro. Como atrezzo , solo aparece una silla en la que la bailaora estará sentada al comienzo del número. El conjunto es puro minimalismo: solo música, una artista y la cámara. 

Lola Flores. Es punto y aparte. La versión que Lola Flores hace de esas sevillanas rocieras es una improvisación in situ. No hay aquí nada preparado. Ella se mueve, gira, avanza y retrocede libremente. El resultado es una maravilla: algo único, que nos traslada en un instante a los comienzos de la danza. Una danza que tiene sin duda muchos elementos de la India: movimiento de las manos o en el gracejo especial de la mirada de Lola.

CARLOS SAURA

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Camarón es la modernidad creativa y la hondura del cante flamenco gitano y profundo. Su entrega al cante es tal que da la impresión de que se va a romper. Su guitarrista Tomatito, que es un gran tocaor flamenco, y que lleva con él desde que era un crío, me dice con seriedad: "¡Él es único, un artista único, un genio!". Con el cante de Camarón "Pa que me llamas prima, pa que me llamas",  baila Manuela Carrasco. Una furia envuelta en un mantón. Pierde peinetas y pendientes en sus violentas evoluciones. El suelo del decorado vibra ante el terremoto. Es la prueba inequívoca de que también los gitanos "entran" por sevillanas.

CARLOS SAURA

Las Sevillanas gitanas nos muestran a otra gran estrella de la cultura andaluza, esta vez del flamenco más innovador y popular: José Monge, Camarón de la Isla. El cantaor, acompañado a la guitarra por su habitual colaborador Tomatito y por Joaquín Amador, interpreta varios temas de Isidro Muñoz y José Miguel Évora, bailados por Manuela Carrasco. Las inflexiones de Camarón en su cante y de Carrasco en su baile marcan las distancias con las clásicas sevillanas, aunque sigan su estructura rítmica y estrófica.

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Las sevillanas Actuales corren a cargo del grupo Salmarina, capitaneado por los hermanos Isidro Muñoz y José Miguel Évora, a su vez hermanos de Manolo Sanlúcar. El tema que interpretan, “Fue en Sevilla”, con coro y sección de cuerdas, es bailado por Merche Esmeralda y Carlos Vilán. En un alarde de virtuosismo, la secuencia capta su coreografía –y la interpretación de Salmarina, situados en un rincón del escenario– mediante un único plano sin cortes, en permanente travelling circular alrededor de la pareja de bailarines, lo que crea un juego con su danza, basada en movimientos concéntricos.

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"Paco acepta tocar unas Sevillanas con Manolo Sanlúcar. Dos de los más grandes guitarristas que hay mano a mano. Las Sevillanas de Manolo son sabias, modernas, avanzadas y atrevidas, en las de Paco se siente al aire del caribe, su virtuosismo es tal que es imposible retener el movimiento de sus dedos por las cuerdas de la guitarra. ¡Cómo se miran el uno al otro para ponerse de acuerdo! ¡Qué coordinación, qué exactitud, y qué sensación de facilidad y perfección!".

CARLOS SAURA

A dos guitarras escenifica el encuentro entre dos leyendas del toque flamenco, Paco de Lucía y Manolo Sanlúcar, que improvisan sobre unas sevillanas compuestas para la ocasión por el primero. La iluminación diáfana y los breves diálogos entre los intérpretes establecen un clima de camaradería y espontaneidad, captado con parsimonia y detallismo.

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"El fin de fiesta corre a cargo de Rocío Jurado que, desde una tarima, vestida de blanco, canta un popurrí de sevillanas corraleras ante un grupo heterogéneo de bailaores de todas las edades. Las corraleras, cuyo nombre alude a las corralas de viviendas donde esta modalidad habría surgido, son variantes de la sevillana asociadas a la reunión colectiva y a temáticas extraídas de la vida cotidiana –piques, romances, alusiones sexuales–. La cantante de Chipiona (Cádiz), una de las figuras más reconocidas de la canción andaluza, inicia la secuencia con “Viva Sevilla”, tonada de Juan Quintero y Florián Rey –popularizada por Imperio Argentina en La hermana san Sulpicio (Florián Rey, 1934)– para continuar luego con varios temas populares. Jurado estuvo muy presente en los eventos de la Expo 92, con múltiples conciertos y espectáculos. El consistorio de la ciudad, a la muerte de la artista, decidió nombrar el Auditorio local “Rocío Jurado” en su honor".

CARLOS SAURA

Rocío Jurado tiene una voz generosa, amplia y hermosa. Nos conocíamos ya, porque ella cantó en mi película "El amor brujo", y sigo pensando que, bajo la batuta de López Cobos, es la versión más pura y hermosa que se ha hecho de esa obra extraordinaria. Rocío ha sido tan amable de cantar las inolvidables sevillanas corraleras anónimas: "Lo tiré al pozo" "Tiene una cinturita", y cantar "Viva Sevilla y olé, que viva Triana", las Sevillanas de mi infancia.

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