Asistimos a los ensayos de Salomé, ballet filmado que recrea el mito bíblico –o más bien la versión del mismo que desarrolló Oscar Wilde– mezclando referencias a la cultura flamenca y los imaginarios orientales, protagonizado por la bailarina y coreógrafa Aída Gómez. La primera parte de la película nos presenta diversas facetas de los ensayos, siempre con la presencia del director del espectáculo (Pere Arquillué) como guía principal. Somos testigos de la preparación del cuerpo de baile, de los intercambios de pareceres entre la bailarina principal y el director, y de este con diversos miembros del equipo técnico y artístico del filme. La segunda parte del filme abarca una representación o ensayo general del ballet. Salomé, hija de la reina Herodías e hijastra de Herodes Antipas, tetrarca de Judea –que se ha casado con Herodías tras asesinar a su hermano Filipo, primer marido de ella–, se enamora perdidamente de Jokanaan, también llamado Juan el Bautista, que se encuentra preso en el palacio de Herodes. Despechada tras ser rechazada por el profeta judío, decide provocar su muerte. Aprovechando la fascinación que despierta en su padrastro, y tras bailar para él la “danza de los siete velos”, le convence para decapitar a Jokanaan. El tetrarca accede a sus deseos, desencadenando la tragedia. La última secuencia del filme coincide con el final del ballet: Salomé recoge la cabeza decapitada de Jokanaan y la besa apasionadamente. Seguidamente, el cuerpo de baile la envuelve en una mortaja: asistimos a su muerte y a su sepelio junto a la cabeza del Bautista.
Salomé es un filme que recuerda inevitablemente a Bodas de sangre. Ambos cuentan la preparación de un espectáculo de ballet. Ambos se estructuran en dos partes: una introducción supuestamente documental en el que vemos los preparativos y conocemos a algunos miembros de la troupe, y el registro sin interrupciones del ensayo general del ballet. Bodas de sangre es un retrato de un coreógrafo, con la presencia implícita de un equipo de filmación. Salomé hace explícita esa presencia, creando incluso el personaje de un director, una suerte de alter-ego de Carlos Saura. Si en Bodas de sangre el protagonista era Antonio Gades, aquí el testigo lo recoge Aída Gómez.
La colaboración entre la bailarina Aída Gómez y Carlos Saura no tiene como centro esta película, sino que parte del espectáculo escénico de idéntico argumento que ambos montaron y estrenaron a principios de 2002. Para su trasposición cinematográfica, Saura contaba con varios de sus colaboradores habituales: Antonio Saura Medrano en la producción, Roque Baños en la partitura y José Luis López Linares y Teo Delgado en la dirección de fotografía.