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Salomé

España

2002

Dirección: Carlos Saura

Guión: Carlos Saura

Escenografía: Carlos Saura

Producción: Antonio Saura y Saura Medrano

Fotografía: José Luis López-Linares, Teo Delgado

Música original: Roque Baños (con la colaboración de Tomatito)

Coreografía: José Antonio Ruiz y Aída Gómez

Montaje: Julia Juániz

Asistimos a los ensayos de Salomé, ballet filmado que recrea el mito bíblico –o más bien la versión del mismo que desarrolló Oscar Wilde– mezclando referencias a la cultura flamenca y los imaginarios orientales, protagonizado por la bailarina y coreógrafa Aída Gómez. La primera parte de la película nos presenta diversas facetas de los ensayos, siempre con la presencia del director del espectáculo (Pere Arquillué) como guía principal. Somos testigos de la preparación del cuerpo de baile, de los intercambios de pareceres entre la bailarina principal y el director, y de este con diversos miembros del equipo técnico y artístico del filme. La segunda parte del filme abarca una representación o ensayo general del ballet. Salomé, hija de la reina Herodías e hijastra de Herodes Antipas, tetrarca de Judea –que se ha casado con Herodías tras asesinar a su hermano Filipo, primer marido de ella–, se enamora perdidamente de Jokanaan, también llamado Juan el Bautista, que se encuentra preso en el palacio de Herodes. Despechada tras ser rechazada por el profeta judío, decide provocar su muerte. Aprovechando la fascinación que despierta en su padrastro, y tras bailar para él la “danza de los siete velos”, le convence para decapitar a Jokanaan. El tetrarca accede a sus deseos, desencadenando la tragedia. La última secuencia del filme coincide con el final del ballet: Salomé recoge la cabeza decapitada de Jokanaan y la besa apasionadamente. Seguidamente, el cuerpo de baile la envuelve en una mortaja: asistimos a su muerte y a su sepelio junto a la cabeza del Bautista.

Salomé es un filme que recuerda inevitablemente a Bodas de sangre. Ambos cuentan la preparación de un espectáculo de ballet. Ambos se estructuran en dos partes: una introducción supuestamente documental en el que vemos los preparativos y conocemos a algunos miembros de la troupe, y el registro sin interrupciones del ensayo general del ballet. Bodas de sangre es un retrato de un coreógrafo, con la presencia implícita de un equipo de filmación. Salomé hace explícita esa presencia, creando incluso el personaje de un director, una suerte de alter-ego de Carlos Saura. Si en Bodas de sangre el protagonista era Antonio Gades, aquí el testigo lo recoge Aída Gómez.

La colaboración entre la bailarina Aída Gómez y Carlos Saura no tiene como centro esta película, sino que parte del espectáculo escénico de idéntico argumento que ambos montaron y estrenaron a principios de 2002. Para su trasposición cinematográfica, Saura contaba con varios de sus colaboradores habituales: Antonio Saura Medrano en la producción, Roque Baños en la partitura y José Luis López Linares y Teo Delgado en la dirección de fotografía.

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La gran novedad narrativa de Salomé es la introducción del personaje del director de cine, lo que socava la supuesta naturaleza documental de la primera parte de la película. El rol lo encarna Pere Arquillué, que el año pasado había interpretado el rol del joven Luis Buñuel en la película anterior de Saura, Buñuel y la mesa del rey Salomón (2001). El rol del director de escena en Salomé conecta con los de otras películas, como Antonio Gades en Carmen y Miguel Ángel Solá en Tango. El personaje de Arquillué muestra el proceso de montaje del espectáculo de danza al tiempo que propone algunas reflexiones sobre el acto creador, que bien podrían ser las del propio Saura.

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Aída Gómez es uno de los nombres fundamentales de la danza española de los últimos treinta años. Comenzó a bailar muy joven en el Ballet Nacional de España, y ocupó la dirección de dsta institución entre 1998 y 2001. Ha coreografiado y protagonizado más de dos docenas de espectáculos, muchos de ellos con notable impacto internacional.

En la película, Gómez se interpreta a sí misma, relatando a cámara aspectos de su vida y carrera profesional. El personaje de Arquillué ejerce de mediador entre ella y el público. Lo mismo ocurre con otros miembros de la compañía que se interpretan a sí mismos, como Carmen Villena, Javier Toca o Paco Mora.

Otros colaboradores, como el coreógrafo José Antonio Ruiz, el músico Roque Baños o el figurinista Pedro Moreno tienen pequeñas apariciones en la película, explicando su trabajo.

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La hibridación de músicas y de manifestaciones culturales está muy presente en Salomé, una película que quiere hacer dialogar los imaginarios flamenca con un mito de reminiscencias orientales.

Eso se ve reflejado en la música, que firman al alimón Roque Baños –quien compone una partitura sinfónica con abundantes toques asociados al mundo árabe– y Tomatito, uno de los más famosos intérpretes y compositores flamencos.

En este mismo sentido, el figurinista Pedro Moreno declara en una secuencia de la película que la corona de Herodías semeja una peineta, y que el traje de Herodes recuerda a las dalmáticas bizantinas. Entre otros detalles, el cuerpo de baile masculino aparece vestido con el sobrio y ceñido traje flamenco, mientras que las bailarinas visten como odaliscas.

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La mezcla cultural en el plano sonoro tiene su correlato en la escenificación a través de la danza. En el ballet se dan cita los movimientos ligados a la escuela bolera –la danza clásica española tal como se articuló a finales del siglo XVIII–, a las evoluciones aflamencadas –zapateado, contoneos de caderas y manos propios de la sevillana; formación en corro con intervenciones solistas propia de la bulería– o los etiquetados como propios de los modos orientales –la famosa danza de los siete velos o los movimientos del profeta Jokanaan, que recuerdan a los de los derviches turcos.

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Aunque la película maneja muchos referentes musicales y pictóricos, la versión del mito de Salomé que adopta es la de Oscar Wilde. El poeta y dramaturgo irlandés escribió esta pieza teatral, epítome de un cierto modernismo literario, en 1891, y fue estrenada en París en 1896. La pieza suponía una versión muy libre de la original narración bíblica: en los Evangelios la tragedia que lleva a perder la cabeza al Bautista nada tenía que ver con el deseo frustrado de la joven princesa de Judea, sino con los pérfidos planes de Herodías, la mujer del tetrarca. La historia de Salomé tal como hoy es popularmente conocida se relaciona, por tanto, con una reinterpretación moderna que quiso revestir al mito bíblico de unas connotaciones pasionales y morbosas que previamente no existían o no eran tan manifiestas.

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Las referencias pictóricas de Salomé incluyen obras de Julio Romero de Torres, Edvard Munch, Filippo Lippi o el ilustrador Aubrey Beardsley. La música de Roque Baños recoge algunos pasajes de la ópera de Richard Strauss de 1905. De esta manera, queda subrayada la dimensión internacional del mito.

No obstante, el elemento que agrupa a todos los elementos destacados es el tópico de la pasión amorosa como fuerza destructora y detonante de la tragedia. “A mí me parece más interesante pensar que es la pasión amorosa, el desmedido amor de Salomé por San Juan, la lucha entre lo carnal y lo espiritual, lo que conduce esta historia hasta la destrucción del ser amado”, explica el personaje del director en un fragmento de la primera parte del filme.

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Salomé entronca con otras  películas de Saura, en las que la pasión amorosa de resultados trágicos es un tema central: Peppermint Frappé, Bodas de sangre o Carmen son algunos ejemplos. Salomé comparte con esta última su retrato de un personaje femenino poderoso, fascinante, ambiguo y conflictivo.

La película fue muy bien recibida en su estreno internacional en el festival de Montreal de 2002, donde obtuvo el Premio a la Mejor Contribución Artística. Además, Roque Baños recibió un Premio Goya a la Mejor Música para Sevillana para Carlos, uno de los temas para la película.

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