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Io, Don Giovanni

Italia

2009

Dirección: Carlos Saura

Guión: Carlos Saura, Raffaello Uboldi, Alessandro Vallini

Producción: Andrés Vicente Gómez, Andrea Occhipinti, Igor Uboldi

Fotografía: Vittorio Storaro

Dirección musical: Nicola Tescari

Música original: Roque Baños (fragmentos de Mozart, Bach, Vivaldi, Gazzaniga y otros)

Dirección artística: Gianpaolo Rifino

Montaje: Julia Juaniz

Biopic sobre Lorenzo Da Ponte (1749-1838), sacerdote, masón y literato de origen hebreo, famoso por ser el más asiduo libretista de Wolfgang Amadeus Mozart. La película comienza en Venecia en 1763, con su conversión al cristianismo mediante el bautizo, momento en que conoce a Giacomo Casanova, quien le iniciará en la masonería y el libertinaje. Da Ponte (Lorenzo Balducci) es desterrado en 1779 de Venecia por orden de la Inquisición, acusado de atentar contra los principios de la Iglesia Católica. Se traslada a Viena (1781), donde gracias a Casanova, se introduce en los ambientes artísticos de la corte del emperador José II. Allí traba contacto con Antonio Salieri y, más tarde, con el prometedor compositor Wolfgang A. Mozart, que le encarga el libreto de Le nozze di Figaro . Su colaboración continúa en una nueva ópera, Don Giovanni (1787), a la vez que su amistad se estrecha. La ópera será un éxito, pero la situación económica de Mozart y de su mujer, Costanza, irá empeorando hasta conducir al compositor a una enfermedad irreversible. Al mismo tiempo, la vida disoluta de Da Ponte, que tiene como amante a la soprano Adriana Ferrarese, da un giro cuando se reencuentra con Annetta (Emilia Verginelli), antiguo amor platónico que conoció en Venecia, por la que abandona definitivamente sus andanzas libertinas.

Io, don Giovanni aparece como el filme más alejado de la tónica del ciclo musical de Carlos Saura. Sin embargo, hay que tener en cuenta que Saura no es un neófito en el mundo de la ópera: ha dirigido hasta cinco montajes operísticos entre 1991 y 2019 (el último de ellos, precisamente, un Don Giovanni , en A Coruña).

La película comenzó a rodarse en 2006. Sin embargo, el productor principal, Andrés Vicente Gómez, fue denunciado y juzgado en 2008 por impago de deudas y las películas que entonces tenía a su cargo, Manolete (Menno Meyjes, 2008) e Io, don Giovanni (2009), fueron embargadas. Un año después, gracias al concurso del productor y distribuidor italiano Andrea Occhipinti, la película pudo acabarse en Roma –y no en Austria, como en un primer momento se había previsto–, a cambio de que la empresa distribuidora de Occhipinti, Lucky Red, se quedase con los derechos de distribución en Italia y parte de Europa.

El filme, cuyo guión firman Raffaelo Uboldi, Alessandro Vallini y Carlos Saura, cuenta con un reparto mayoritariamente italiano, y en el que figuran algunos destacados artistas líricos, como Borja Quiza, Ketevan Kemoklidze o Cristina Giannelli. La dirección musical fue confiada al prestigioso compositor y director de orquesta Nicola Tescari. De entre los colaboradores habituales, pueden destacarse a Vittorio Storaro y Julia Juaniz.

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La película parte del género del biopic para abrazar varios de los intereses narrativos de Saura. Aquí, nos vemos de nuevo ante las bambalinas de un espectáculo, en este caso la preparación de la ópera Don Giovanni (1787) en la corte vienesa. La obra resultante, como viene siendo habitual en Saura, espejeará las vivencias de sus protagonistas, difuminando así los límites entre realidad y representación.

La película comienza en Venecia, siguiendo los pasos del joven Lorenzo Da Ponte, que encarna a una suerte de Don Juan. Los escenarios y el tiempo histórico se recrean de manera bastante libre, potenciando más bien espectaculares efectos de iluminación teatral, muy caros tanto a Saura como a Storaro. 

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La primera referencia que vemos del mito de Don Juan en la película es a la ópera Don Giovanni Tenorio de Giuseppe Gazzaniga, estrenada en Venecia en 1787. Da Ponte y su amigo y maestro Giacomo Casanova asisten a una representación de esta obra durante los carnavales venecianos. La referencia histórica es interesante, puesto que 1787 es el mismo año en que se estrena el Don Giovanni de Mozart, aunque en la película su puesta de largo ocurra varios años después. El gusto por el anacronismo, que ya se hacía patente en filmes anteriores de Saura como El Dorado (1988) o Goya en Burdeos (1999), vuelve a aparecer aquí.

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Más que una fidelidad histórica, Saura y sus colaboradores buscan dialogar con los referentes de una época para hilvanar un discurso sobre la creación y la multiplicidad de significados adquirida por ciertos mitos, como el de Don Juan. En una significativa secuencia, asistimos al encuentro, en medio de la bruma veneciana, entre Da Ponte y Casanova con la estatua del Comendador, que formaba parte del decorado de la ópera de Gazzaniga representada unas secuencias antes. Casanova desafía a la estatua cantando un fragmento de la escena final del Don Giovanni mozartiano –en un claro anacronismo histórico y diegético–, mientras que Da Ponte se muestra impresionado por su presencia. La película alude así a una de las escenas arquetípicas del mito desde el Burlador, el encuentro con el fantasma, a la actitud de Don Juan y su criado ante la estatua –personificados en Casanova y Da Ponte–, y también a dos modos diferentes de plantearse la figura de Don Juan, la del seductor Casanova y la del libertino atormentado Da Ponte.

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Otra interesante secuencia nos muestra a Lorenzo Da Ponte encarnando a Don Giovanni en la propia narración que le hace a Mozart sobre el comienzo de su futura ópera. Don Giovanni se ha disfrazado de Don Ottavio para penetrar en los aposentos de su dama prometida, Donna Anna, que aparece en el relato como Annetta, el amor platónico del libretista. Sin embargo, cuando la dama descubre el engaño del seductor y rompe a gritar, vemos que el papel de la seducida lo ha adoptado otra mujer, Adriana Ferrarese, que más tarde representará el papel de Donna Elvira en la ópera de Mozart.

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La segunda parte de la película se concentra en los ensayos de la ópera Don Giovanni de Mozart.

En ellos, actúan cantantes de ópera reales. Así, Ketevan Kemoklidze es una prestigiosa mezzo-soprano que interpreta un doble rol: el de Adriana Ferrarese, personaje histórico ficcionado, y el de Donna Elvira, uno de los personajes principales de Don Giovanni, la ópera. También el barítono gallego Borja Quiza, encargado de la parte de Don Giovanni, es un famoso cantante lírico.

El casting de cantantes líricos ejerciendo como tales dentro de la trama ficcional, exigencia de Carlos Saura, es otra característica del ciclo musical, en el que permanentemente se incluye a grandes figuras de la escena musical en sus elencos.

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Una de las técnicas más sobresalientes de la película es su uso del Translight o Translite, con la que Vittorio Storaro lleva trabajando con desde Corazonada (One from the Heart, Francis Ford Coppola, 1982), aunque es en Tango (1998) donde la desarrolla con especial intensidad. Se trata de transparencias iluminadas, normalmente fotografías ampliadas a gran escala, que ejercen como fondos de decorado y permiten disimular un variado abanico de condiciones lumínicas para secuencias rodadas en estudio. Esta técnica se utiliza en las películas de Saura con resultados marcadamente anti-naturalistas.

Un ejemplo es la secuencia en la que pasamos de la discusión entre Da Ponte y Mozart al resultado de su disputa: una nueva aria creada para la soprano Adriana Ferrarese, cantada por ella misma en un largo plano secuencia.

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Carlos Saura emparenta este efecto con los espectáculos de dioramas, los cuales alcanzaron gran popularidad en el siglo XIX. Asimismo, podemos relacionar esta técnica con las proyecciones de linterna mágica, en la que los trucos lumínicos conseguían dar una ilusión de profundidad, cambio y movimiento a las imágenes fijas–.

La manifiesta artificialidad del decorado y de la iluminación que lo sustenta conecta Io, don Giovanni con otras muestras de musical saurano, donde las performances se ubican en escenarios no naturalistas, donde se alude a contextos espacio-temporales verídicos mediante el uso de objetos de atrezzo o técnicas de iluminación y proyección digital. Pasado y presente dialogan mediante el empleo inesperado de tecnologías actuales.

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La banda sonora de Io, don Giovanni prolonga el diálogo anacrónico entre referentes. Aunque domina el llamado repertorio clásico, con Mozart y su Don Giovanni como referencia principal, Saura y Nicola Tescari abarcan un espectro muy amplio de manifestaciones. En varias secuencias, sobre todo las ambientadas en Venecia, oímos composiciones de Antonio Vivaldi, gran representante del barroco italiano. La banda sonora incluye una composición de estilo barroco de J. S. Bach, así como un número coral compuesto por el habitual Roque Baños, quien también firma un pasaje para ambientar el carnaval veneciano. Un fragmento del Concerto Turco ‘IziaSamaisi’ del italiano G. B. Toderini ambienta la secuencia en un prostíbulo donde Da Ponte y Mozart contemplan un espectáculo sicalíptico de ambiente oriental –cuya iconografía nos remite a otras películas de Saura, especialmente a Salomé. La música escogida aúna, por tanto, pasajes de tradición popular (el Carnaval) y culta, a la vez que mezcla tradiciones (centroeuropea e italiana) y épocas (barroca y neoclásica).

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“Es una película que a mí me gusta mucho. Es un drama, pero también tiene parte cómica. Toda la película son ensayos de la ópera, hasta llegar al final con el estreno. Pero la ópera va surgiendo de hechos de la vida de Da Ponte, Salieri, Mozart y Casanova. Realmente es el día a día en la creación de un artista. La ficción y la realidad se mezclan para el espectador como si fuera un sueño.

En Italia, en los estudios de Laurentis también estaba la sala de montaje. Esto significa que Carlos Saura,Vittorio Storaro, Nicola Tescari y yo estábamos en contacto continuamente. Es la única vez que he trabajado así.

Para el montaje, en general, teníamos planos muy largos, por eso el ritmo ya estaba dado en su interior, pero a veces lo cambiamos en secuencias con más planos. Utilizamos encadenados para recuerdos y transiciones. En la película era muy importante la música. Al ver unido ese flujo de imágenes junto a la música, ambas se activaron de un modo decisivo, que marcó sin duda la idea global de montaje. Hubo músicas grabadas en estudio, pero otras se grabaron directamente en el set.”

DECLARACIONES DE JULIA JUANIZ, montadora de la película

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En todas las películas musicales de Saura encontramos un número culminante, que en este caso corresponde a las escenas finales del Don Giovanni de Mozart y Da Ponte. La ópera, que según la película significó el principio del fin de la carrera de Mozart, quien habría perdido por su atrevimiento artístico y moral el favor del emperador José II, se escenifica con la espectacularidad que ya es marca de fábrica en el tándem Saura-Storaro, y que aquí contaron con la excepcional escenografía de Paola Bizzarri.

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