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El amor brujo

España

1986

Dirección: Carlos Saura

Guión: Carlos Saura y Antonio Gades (sobre el ballet de Manuel de Falla con libreto de María Lejárraga y Gregorio Martínez Sierra)

Producción: Emiliano Piedra

Fotografía: Teo Escamilla

Dirección artística: Gerardo Vera

Dirección musical: Jesús López Cobos

Coreografía: Antonio Gades y Carlos Saura
Montaje: Pedro del Rey

Carmelo (Antonio Gades) está enamorado de Candela (Cristina Hoyos), que ha sido prometida en matrimonio con José (Juan Antonio Jiménez) por un acuerdo entre sus respectivas familias, pertenecientes a la comunidad gitana. Tras la boda, José continúa viendo a su amante Lucía (Laura del Sol), y al poco tiempo acaba muerto a navajazos en una reyerta. Carmelo es inculpado del crimen y entra en prisión. Cuando sale años después, vuelve a la barriada chabolista donde todo ocurrió e intenta recuperar a Candela, pero descubre que el espíritu de José la ronda cada noche. Tía Rosario, la hechicera del poblado (Emma Penella) le aconseja que baile la danza del fuego con Candela para ahuyentar al espíritu. Carmelo, aliado con Lucía, conseguirá finalmente, tras arduos conjuros y bailes, espantar al espíritu y unirse con Candela cuando despunta el amanecer.

El amor brujo supuso el punto final para la trilogía flamenca producida por Emiliano Piedra y co-creada por Carlos Saura y Antonio Gades. Para esta tercera colaboración, se intentó seguir en buena medida los ingredientes de los éxitos anteriores: una obra clásica con motivos flamencos y asociada a la mitología española, un mismo plantel de actores y técnicos. El resultado, espectacular estéticamente, no obtuvo sin embargo la acogida esperada ni en su estreno en Cannes ni entre la crítica y el público. Sin embargo, fue premiado en Montreal junto a las dos películas anteriores de la trilogía, y hoy se considera el broche de oro en la colaboración entre Gades y Saura.

“Emiliano quería completar la trilogía de baile flamenco con Antonio Gades. Decidimos hacer El amor brujo. La verdad es que ahora no recuerdo de quién fue la idea, pero creo que fue mía. En todo caso fui yo quién escribió el guion y quien la dirigió. Para el El amor brujo Emiliano Piedra hizo un esfuerzo importante y se construyó en los estudios “Luis Buñuel” de entoncesun estupendo decorado de un barrio periférico de la ciudad ocupado por los gitanos. Cualquiera que conozca la obra de Falla sabe de la inconsistencia del argumento, prácticamente no existe, eso sí sirve de pretexto para la música maravillosa de Falla. Desde el principio quise mostrar que todo lo que se iba a contar era un cuento, una ficción, y para ello me pareció importante mostrar a los espectadores como prólogola tramoya de iluminación que gravitaba sobreel generoso espacio escénico. Como la historia que íbamos a contar tenía escasa hondura, yo confiaba en que la aportación de nuevos ritmos, canciones y bailes flamencos rellenara esas debilidades y en gran parte eso se consiguió.”

CARLOS SAURA

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El amor brujo sigue las pautas narrativas de sus compañeras de trilogía, lo que también implicaba replicar una misma “política musical”. En la escena de la boda, que de algún modo espejea la de Bodas de sangre, suenan alboreás, tangos y una mosca, estilos tradicionales gitanos propios de este tipo de celebraciones –lo cual da “autenticidad” convencional a la secuencia–, pero también se incluye la actuación del dúo Azúcar Moreno, que recuerda a la anterior de Pepe Blanco.

A lo largo del metraje, se dan cita fragmentos populares de otros palos, cantados y danzados, como tanguillos, tientos, soleás o alegrías. A ellas se añaden dos temas muy conocidos desde finales de los años setenta: “Como el agua”, tangos popularizados por Camarón de la Isla, Tomatito y Paco de Lucía, y la toná “Y tu mirá”, famosa por la interpretación del dúo Lole y Manuel.

La elección de Rocío Jurado para interpretar las partes cantadas del original de Falla apunta a esta mixtura de referentes cultos y populares –en un primer momento Saura barajó a Nati Mistral para, según él, otorgar al canto una voz “más fresca, más popular que las voces más cultas de otras mezzosopranos”.

“Una de las cosas de las que estoy más satisfecho es de la versión que se hizo de El amor brujo Rocío Jurado. Escuché muchas versiones, pero ninguna con la “hondura” de nuestra versiónbajo la dirección de Jesús López Cobos. En cuanto a la inclusión de “Azucar Moreno”: las vi, las escuché y me parecieron dos mujeres con gran talento y muy bellas que debían estar en la película.”

CARLOS SAURA

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El amor brujo, la obra original, fue estrenada en el teatro Lara de Madrid el 2 de abril de 1915. La partitura fue objeto de una importante reestructuración a lo largo de una década: Falla hizo varios arreglos para conjuntos orquestales más amplios y eliminó los recitados, siempre con la connivencia de los Martínez Sierra. La definitiva consagración de El amor brujo viene con su versión para ballet, estrenada el 22 de mayo de 1925 en el Trianon Lyrique de París por la compañía de Antonia Mercé ‘La Argentina’, con ella misma, Vicente Escudero y el mimo Georges Wague en los papeles principales. Esta nueva versión cambia de manera significativa el argumento de la pieza. Candelas, la gitana protagonista, se encuentra atrapada por el espectro de un antiguo amante que le impide disfrutar el amor de Carmelo; otra gitana, Lucía, accede a ayudar a Candelas y flirtear con el fantasma para alejarlo de la pareja central.

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Las peleas a cuchillos y a bastonazos de Bodas de sangre y Carmen se replican aquí en una reyerta en la que muere José. Este personaje, el ‘antagonista’ de la entera trilogía, siempre está interpretado por Juan Antonio Jiménez, importante bailaor y marido en la vida real de Cristina Hoyos.

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La idea de representación ficticia toma carta de naturaleza en elaborados cuadros donde parecen abrazarse todos los tópicos sobre la ‘gitanidad’. Valga como ejemplo la secuencia de las lavanderas, articulada mediante un virtuoso plano secuencia en el que contemplamos la vida cotidiana en el pueblo: mientras las mujeres del pueblo lavan y cuelgan la ropa en tendederos al aire libre, unos parroquianos se entretienen tocando falsetas de guitarra, unas gitanas juntan ramos de flores, un padre y su hijo vuelven al poblado después de recoger chatarra en un carro y otro gitano enseña a varios niños el arte de la pelea con navaja para, literalmente, “defenderse de los payos”. Este impulso costumbrista queda puesto en tela de juicio por el dispositivo escenográfico que lo enmarca. La incorporación de Gerardo Vera como director artístico (en sustitución de Francisco Nieva) fue fundamental para diseñar el sorprendente espacio escénico en que transcurre la acción.

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En El amor brujo hice una experiencia apasionante: durante la secuencia de la tormenta, grabé el baile de Gades y Cristina Hoyos con su ritmo y música correspondienteque luego eliminé dejando solo el sonido de los pies sobre la tierra. Resultó algo nuevo e insólito.”

CARLOS SAURA

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Puede que la “Danza ritual del fuego” sea el número más conocido del ballet de Falla. Supone también la secuencia culminante en las diferentes adaptaciones cinematográficas de la obra. También Honeymoon (Michael Powell, 1959), drama romántico-musical coproducido entre España y Reino Unido, incluía un largo fragmento dedicado al ballet de Falla, con grandes estrellas de la danza estilizada como Antonio Ruiz Soler, Rosita Segovia o Leonid Massine.

De modo similar al filme de Antonio Román de 1949, la danza en la película de Saura tiene lugar en un escenario mitificado y de enorme estilización. El uso de una paleta de colores en claroscuro, la amplitud de los encuadres, que se articulan en largas tomas, y la coreografía de Gades, que sabe aprovechar los movimientos de la compañía de danza por todo el escenario, conforman una interpretación espectacular, que aún hoy sobrecoge por su poderío estético.

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El (doble) triángulo amoroso en las tres películas flamencas está encarnado por los mismos actores, que interpretan roles similares a los de las otras películas. Laura del Sol interpreta, en este sentido, un personaje muy cercano al de Carmen: joven, tentadora, desinhibida. La secuencia en la que Carmelo le enseña a bailar y ella trata de seducirle –dentro de una chabola poblada de espejos– recuerda inevitablemente al nudo argumental de Carmen.

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La secuencia final de El amor brujo supone una auténtica cumbre de virtuosismo en los diferentes apartados creativos de la película, desde la puesta en escena, la dirección de fotografía, la dirección musical, el montaje o la coreografía.

Saura, a pesar de las diferencias creativas que mantuvo con Gades en el transcurso de los años ochenta, siempre ha hablado con admiración del coreógrafo y bailarín.

“Gades era sobrio, intuitivo y exigente. En los numerosos ensayos a los que asistí demostraba una envidiable capacidad para el ritmo. Le he visto ensayar hasta la extenuación buscando los pasos necesarios y más de una noche dormir en el estudio sobre uno de los bancos. Era un coreógrafo de talento, un bailaor fuera de serie: elegante, vital y arrollador. Era un elegido que llevó el baile flamenco a una dimensión superior, imponiendo un estilo que ha hecho escuela y que tiene hoy múltiples seguidores.”

CARLOS SAURA

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