La compañía de danza de Antonio Gades se dispone a ensayar una adaptación para ballet de la obra teatral Bodas de sangre (1933) de Federico García Lorca. A la preparación de músicos y bailarines, algunas de cuyas historias llegamos a conocer, le siguen los ejercicios de calentamiento del cuerpo de baile. Tras ellos, la segunda mitad del filme abarca un ensayo general del ballet en el interior de un estudio. La Novia (Cristina Hoyos) se dispone a casarse por conveniencia con el Novio (Juan Antonio Jiménez). Sin embargo, ella está enamorada de Leonardo (Antonio Gades), casado a su vez con otra mujer (Carmen Villena) que sabe del romance de su marido. La misma noche de los esponsales, los amantes huyen y son denunciados por la Mujer de Leonardo. La Madre del Novio (Pilar Cárdenas) le conmina a vengarse. El Novio alcanza a la pareja adúltera y pelea con Leonardo. Ambos se acuchillan mutuamente y mueren. La Novia queda sola, empapada con la sangre de los dos hombres.
Bodas de sangre supone la primera incursión de Carlos Saura en el cine musical y el inicio de su fructífera alianza artística con Antonio Gades, pero también la primera producción que realiza fuera de la órbita de Elías Querejeta. Se trata de una película bisagra en su carrera, puesto que le permitió experimentar con nuevos géneros y con otras posibilidades estéticas, hasta entonces solo sugeridas en otras películas, como El jardín de las delicias (1970), Los ojos vendados (1978) o Dulces horas (1981). La idea original partió del productor Emiliano Piedra, que convenció a Saura para realizar un proyecto al alimón con Antonio Gades y el dramaturgo y escenógrafo Francisco Nieva, en principio destinado a la TV. Así narra Saura el comienzo de esta iniciativa conjunta:
“La primera idea era hacer un documental con la puesta en escena teatral de Antonio Gades de sus Bodas de sangre , y si fuera posible, llegar a la hora para la TV. Más tarde, el productor y amigo Emiliano Piedra me pidió que hiciera un esfuerzo para que fuera considerado un largometraje a efecto de las ayudas oficiales.”
La impresión de Saura al ver los ensayos de la obra dirigida por Gades (con libreto de Alfredo Mañas y música de Emilio de Diego) fue tal que decidió respetar en lo posible la integridad de lo que había visto al hacer la traslación audiovisual del espectáculo.
“Pensé entonces que era una buena idea prologar “Bodas”, con el maquillaje de los actores aprovechando la ocasión para hacer un mini-reportaje; con las clases y los ejercicios previos a la representación. Todo ello prolongó la duración del espectáculo sin traicionar la esencia.”
La obra original, escrita en 1933, había cosechado desde su mismo estreno un gran éxito, sobre todo en los escenarios de Argentina y Francia. Gades, a su vez, era por entonces uno de los bailarines más insignes a escala mundial, desde que se dio a conocer en la compañía de danza de Pilar López Júlvez en los años 60.
La película rescató referentes de probado éxito y los reformuló en clave cinematográfica. Aunque la película fue recibida fríamente en España, logró un gran impacto en el festival de Cannes de 1981, donde al parecer el público pidió una segunda proyección.
La buena acogida de la película convenció a Emiliano Piedra, Antonio Gades y Carlos Saura de repetir colaboración.
“La proyección, fuera de competición, en Cannes fue un éxito que […] permitió a Emiliano Piedra recuperarse económicamente y a mí continuar dirigiendo musicales . Quedaba lejano el consejo de Toni Moliere, amigo y distribuidor de las películas de Querejeta en Francia, cuando me mandó una nota que decía: “Me han dicho que vas a hacer una “españolada”. Déjalo o vas a destrozar toda tu carrera de director”.