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Carlos SAURA

Poca presentación necesita Carlos Saura Atarés (Huesca, 4 de enero de 1932–Madrid, 10 de febrero de 2023). Fotógrafo, director de cine, televisión y teatro, guionista, escritor y pintor, su filmografía como realizador, que abarca más de cincuenta títulos, se considera entre las más importantes de la cinematografía española.

Ingresa en 1952 en una de las primeras promociones del Instituto de Investigaciones y Experiencias Cinematográficas (IIEC), en el marco de cuyas enseñanzas realiza sus primeros cortometrajes. En estos trabajos y en el posterior mediometraje documental Cuenca (1958) asienta una poética realista que le servirá para describir la situación de los estratos sociales menos favorecidos durante el franquismo. Los golfos (1959), su primer largometraje, en la misma línea de realismo crítico, y la siguiente Llanto por un bandido (1963), un melodrama histórico, fueron seleccionados, respectivamente, en el festival de Cannes y en la Berlinale, lo cual preparó el terreno para su definitiva consagración internacional: La caza (1965). La película combinaba una estética naturalista, híspida y cortante, con un fondo narrativo que parecía tender a la alegoría. Para el realizador, La caza supuso el principio de su colaboración con el productor Elías Querejeta. Su siguiente filme, Peppermint frappé (1967), primera de sus colaboraciones con la famosa actriz Geraldine Chaplin –quien también sería su pareja durante dos décadas– utiliza los mismos ingredientes de su anterior obra para explorar las contradicciones de la burguesía franquista y su universo de endogamia y represión.

Con sus siguientes películas, siempre con la producción de Querejeta, Saura ahonda en las dinámicas enfermizas de la pareja y la familia burguesas a través de narraciones con notable presencia de elementos oníricos y un estilo elaborado, cosechando el aplauso internacional: Stress-es tres-tres (1968), La madriguera (1969), El jardín de las delicias (1970), Ana y los lobos (1972) o La prima Angélica (1973). Estas dos últimas películas fueron seleccionadas en la Competición Oficial de Cannes, ganando La prima Angélica el Premio Especial del Jurado en 1974. Con Cría cuervos (1975), última película filmada durante la dictadura franquista, Saura obtiene nuevos reconocimientos: otro Premio del Jurado en Cannes en 1976, además de una considerable taquilla en España, Francia y EEUU.

Se abre después un periodo en que predominan variaciones sobre unos rasgos ya consolidados. Elisa, vida mía (1977) y Los ojos vendados (1978) abordan las relaciones familiares y la denuncia social, en el último caso estableciendo un paralelismo entre las dictaduras latinoamericanas y la todavía latente represión en España. No obstante, otros trabajos van ampliando su abanico de preferencias. Deprisa, deprisa (1981) crea una crónica realista de la juventud marginal con la que logra el Oso de Oro en Berlín. Bodas de sangre (1981), híbrido entre musical, adaptación literaria y documental, es la primera colaboración con el productor Emiliano Piedra y el coreógrafo Antonio Gades. Antonieta (1982), por último, es una coproducción internacional ambientada en México y protagonizada por dos grandes estrellas del cine europeo, Hanna Schygulla e Isabelle Adjani.

Aunque la reputación de Saura disminuye entre la crítica especializada española, su prestigio sigue intacto en festivales internacionales, donde es muy solicitado gracias a la trilogía formada por Bodas de sangre, Carmen (1983) y El amor brujo (1986), realizada en estrecha colaboración con Gades y Piedra. Estos éxitos le posicionan como un cineasta de referencia en la industria cinematográfica española, que durante esa época estaba condicionada por las políticas de calidad promovidas por el ejecutivo socialista. Gracias a ello consigue abundante apoyo estatal para llevar a cabo su reconstrucción histórica El Dorado (1988), la película más cara del cine español hasta entonces, que fracasó en taquilla y entre la crítica. Sin embargo, Saura continúa con una nueva recreación de época, La noche oscura (1989), y con uno de sus mayores éxitos en España, ¡Ay, Carmela! (1990).

El comienzo de los años noventa encuentra a Saura realizando Sevillanas (1992) para la Exposición de Sevilla bajo la producción de Juan Lebrón, con quien repetirá en una de sus cintas más aplaudidas, Flamenco (1995). Con la producción de Andrés Vicente Gómez, Saura dirige un nuevo encargo, Marathon (1992), la película oficial de los Juegos Olímpicos de Barcelona. Antes de ello se embarca en la filmación de El Sur (1991) realizado como parte de la serie televisiva Cuentos de Borges. Además, practica nuevas incursiones en la ficción: ¡Dispara! (1993), Taxi (1996), Pajarico (1997), Goya en Burdeos (1999) o Buñuel y la mesa del rey Salomón (2001). También con mimbres de ficción pero haciendo uso de las hechuras de sus incursiones musicales filma y estrena Tango (1998) coproducción con Argentina que resulta nominada a los Oscars.

La filmografía de Saura en los años 2000 se ha volcado en el modelo musical que a lo largo de las décadas ha ido perfeccionando, en detrimento del cine narrativo de ficción, si exceptuamos el drama rural El séptimo día (2007). Incluso una película coproducida con Italia como Io, don Giovanni (2009), ficción histórica sobre la vida de Lorenzo Da Ponte, parece plegarse mejor a las pautas de su cine musical en estructura narrativa y apariencia formal. Los títulos que forman el resto del ciclo musical son Salomé (2002), Iberia (2005), Fados (2007), Flamenco, flamenco (2010), Zonda, folclore argentino (2015), Jota (2016) y El rey de todo el mundo (2021), a los que cabe sumar el corto Sinfonía de Aragón (2008), filmado para el pabellón de Aragón de la Exposición Internacional de Zaragoza de 2008.

Por lo demás, la última parte de la carrera de Saura ha ampliado su actividad a otros campos muy distintos de la dirección cinematográfica. A rebufo de sus éxitos en el cine musical, Saura ha concebido y dirigido varios espectáculos escénicos alrededor del universo flamenco, como Flamenco Hoy (2009) y Flamenco India (2015). Ha dirigido también para las tablas una versión de El gran teatro del mundo de Pedro Calderón de la Barca (2013) así como se ha encargado en diferentes ocasiones de la versión escénica de la ópera de Bizet Carmen –en 1991, 2004, 2007 y 2010–. Recientemente se sumaron a su haber tres nuevas obras: el monólogo sobre El coronel no tiene quien le escriba (2019); la escenificación de la ópera Don Giovanni (2020), la versión teatral de La fiesta del Chivo (2021) y Lorca de Saura (2022). Asimismo, sus exposiciones de fotografía –tiene hasta seis libros publicados en los que se recopila parte de su gigantesco archivo de imágenes– y sus instalaciones artísticas se han multiplicado desde la primera década de los 2000.

Esta faceta de Saura tiene lugar en unos años en que al director, a pesar de los reconocimientos nacionales e internacionales –en 2004 la Academia del Cine Europeo le otorga un premio a toda su carrera, la Academia de Cine en España le tributa un homenaje en 2018, y en 2023 se le otorga el Goya de Honor– le cuesta cada vez más encontrar financiación para sus proyectos cinematográficos. El último jalón en su filmografía lo constituyen los documentales Renzo Piano, un arquitecto para Santander (2018) y Las paredes hablan (2022), y los cortometrajes Rosa rosae (2021), donde revisita su infancia durante la Guerra Civil a través de sus propios dibujos y acuarelas, y Goya. 3 de mayo (2021), una recreación del universo pictórico de Goya, tan presente en su obra anterior.

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